La cumbre de la paz y el éxito de Leonel Fernandez
Por Marco Herrera
Especial para Diario Metropolitano
Iniciaba el mes de marzo, y los tambores de la guerra sonaban en el sur del continente americano, debido a una incursión militar del ejercito de Colombia en territorio ecuatoriano, presumiblemente a 25 kilómetros de sus fronteras, a fin de destruir un campamento guerrillero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) donde cayó abatido el comandante Raúl Reyes, considerado como el segundo hombre al mando de esa organización. El ataque provocó de manera inmediata no solo el rompimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países, sino la movilización de tropas ecuatorianas hacia el lugar de los ataques, y la ruptura diplomática también de Nicaragua y Venezuela con Colombia, disponiendo el presidente Hugo Chávez la movilización de 10 batallones y tanques a su frontera con el país neogranadino. En ese animo y reforzadas las estrategias del odio por la muerte del referido guerrillero, los presidentes de Bolivia y de Argentina en solidaridad con el presidente Rafael Correa, enfilaban cuchillos para la garganta de Álvaro Uribe, a quien la Organización de Estados Americanos, (OEA) había condenado tras una reunión de emergencia. El día antes de la cumbre, los periodistas dominicanos y los corresponsales de la mayoría de medios de América Latina y Estados Unidos, buscábamos por los hoteles, aeropuertos y oficinas gubernamentales, cualquier declaración que pudiera aportar luz sobre lo que veíamos venir como una catástrofe de grandes dimensiones, ya que la mayoría de los presidentes que comenzaban a llegar al país, manifestaban estar determinados a presionar una declaración conjunta, a través de la cumbre de Río, cuya agenda contemplaba puntos relacionados al desarrollo, medio ambiente y mitigación de desastres. El presidente de Colombia se había reunido fuera de protocolo con el presidente de República Dominicana por espacio de cuarenta minutos en la casa de Gobierno, sin referir a nadie lo tratado, ya que minutos antes de la cena de gala ofrecida por el mandatario a las delegaciones internacionales, Uribe se retiraba discretamente por uno de los parqueos subterráneos del edificio. Lo mismo sucedió antes de iniciada la cumbre, mientras los mandatarios presentes en la reunión se hacían la foto oficial frente a la fachada de la Cancillería, el presidente colombiano ingresaba por uno de los accesos laterales de ese ministerio, evitando todo contacto con los periodistas.
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